

Personalmente, cada vez que tengo que hablar o escribir
sobre la obra de Josep Oliveras, siento algo más
que reverencia, ya que en cada lienzo, descubro un temperamento artístico
definido, elevado a la máxima
potencia, puesto que se manifiesta con un amor ilimitado a un trabajo, y una
fogosidad cromática equilibrada,
rodeada de pincelada flexible y sostenida, donde las nubes, forman una parte
intrínseca y esencial, que dan a
la creación, dulzura, vivacidad y fuerza. Expresividad y destreza plástica.
El pintor, penetra en paisajes
desconocidos del mundo entero, dignos de ser portados al lienzo, resultado
de un estudio que no habla, pero
que simboliza lo que quiere decir. Pensamiento y hecho, es la definición
de la genialidad; de la perfecta visión
de avances y lugares, donde la virtud es la condición humana que imprime,
pues su pincel, hace revivir lo más
recóndito, lo más escondido, resucitando viejos y rancios sistemas
de vida. Es este un resplandor que más
que hablar, enseña, trayéndonos un aire fresco, joven y renovado,
reflejo del espíritu de su fuerte personalidad.
Se podría definir, como un pintor avanzado a su tiempo. Devoto, ferviente
y perseverante, sin desequilibrio
en el realismo, que ajusta el dibujo a la representación y a la sugestión,
con ese acento mágico de
descripción que aporta excelentes interpretaciones. La exactitud, marca
el espacio dentro del contexto
función-objeto. Función, porque enlaza el espacio físico
y el real. Objeto, por la estimulante energía que se
desprende seductora, coherente, creativa, equilibrante y por sobre todo, bella.
Cada creación, es explorada
en todas sus posibilidades estéticas, con caracteres espirituales de
civilizaciones con costumbres milenarias,
que trata sin interrogación antológica, sobre un fondo de silencio
austero, elevándolo a un nivel humano de
comprensión, donde todo parece inscribirse: aliento, poesía,
deseo... Es el fruto y el triunfo del talento,
dentro de la materia, con un valor artístico de calidad, donde la verdad,
es del todo evidente, flujo de sentimientos
radicados dentro del amor.
Lluís Ponce
Crítico de arte

